De ida y vuelta, debates del campo popularDestacadaHomeNoticias

Debates del campo popular: prostitución, ¿regular o abolir?

Escuchar/descargar De ida y Vuelta

¿Un trabajo empoderante o una violenta explotación sexual? El debate entre el regulacionismo y el abolicionismo del sistema prostituyente en la Argentina tiene larga data e históricamente despierta disputas y polémicas.

“No quiero sonar descalificadora, pero AMMAR es parte, es la cara y la voz del proxenetismo en nuestro país. Tienen muy bien armado el discursito, está bancado por el sector proxeneta y por una CTA. Una vez en el sistema prostituyente, les es muy difícil salir”, dice Carmen Capdevila, de la Campaña Abolicionista de Neuquén.

Le sale al cruce Nina León, dirigente de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR): “No podemos enfocar 24×7 en responder a ese abolicionismo que la mayoría de las veces ataca detrás de una computadora, frente a un teclado y desde una condición de privilegio que tiene sus derechos laborales resueltos”.

Esas dos voces cruzan el Episodio número 11 del espacio “De Ida y Vuelta, Debates del Campo Popular”, que se difunde en las emisoras del Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO) y que suena también en Spotify.

También hacen su aporte en el programa la comunicadora de Radio Kermés Cintia Alcaraz y “La Dolo”, trabajadora sexual de Córdoba Capital.

A nivel internacional hay al menos tres posturas para conceptualizar y tratar la prostitución: el regulacionismo, el abolicionismo y el prohibicionismo. En Argentina se debate si regularizar la prostitución como un paso hacia la obtención de derechos para quienes la ejercen, o abolirla y así enfrentar la trata y explotación sexual.

La corriente regulacionista defiende la prostitución como trabajo y lo que busca es regular la forma en la que se lleva a cabo. Para las defensoras de esta postura, no existe diferencia (solo la regulación) entre ofrecer su mano de obra para cualquier trabajo y ofrecer su cuerpo para el trabajo sexual.

La corriente abolicionista plantea que la prostitución es un sistema de explotación en el que todas las mujeres trabajan forzadas en menor o mayor grado, incluso sin ser conscientes de ello. El abolicionismo argumenta que en la prostitución hay una relación de poder, y cuando un hombre compra el acceso al cuerpo de una mujer o niña, participa de un acto de abuso y opresión en el que deshumaniza a otro ser humano convirtiéndolo en producto.

Ni abolicionismo ni regulacionismo proponen penalizar la prostitución. La única posición que lo propone es el prohibicionismo.

En junio de 2020, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación incluyó el trabajo sexual dentro del Registro Nacional de Trabajadores de la Economía Popular. A las pocas horas, eliminó esa categoría y se visibilizó así un viejo debate entre regulacionistas y abolicionistas, que aún no ha sido zanjado.

“Explotación hay en todos los rubros”

Nina León, dirigente de AMAR, se presenta como trabajadora sexual, es escritora. Dice que en el país hay unas 80.000 personas que son “trabajadoras sexuales” (el gremio tiene 6.000 afiliadas). Y apunta: “El trabajo sexual es una actividad que consiste en ofrecer servicios sexuales y de acompañamiento siendo mayores de 18 años. No cuenta con derecho laborales pero no es ilegal. Lo que buscamos es que se pueda apelar a la despenalización del trabajo sexual. No hablamos de regulacionismo, o reglamentarismo, porque está regulado pero desde el punitivismo”, diferencia.

Llegó a la organización en 2017, cuando comenzó a “ejercer en la modalidad de Internet”. “Me tiré más para el lado de internet porque en la calle hay que lidiar muchísimo con la violencia institucional de la Policía, más que nada”, explica.

“Nos tomamos el tiempo de debatir con el Estado, porque es de donde buscamos respuestas para acceder a una jubilación, a una obra social y el acceso a créditos hipotecarios; para no tener que mentir en un monotributo respecto de nuestra profesión, que es la fuente principal de un montón de personas. Estamos trabajando hace años en un borrador de ley que está bastante armado”, recuerda.

-¿Reconocés que la idea de lo que llamás trabajo sexual, en un contexto de capitalismo salvaje y globalizado, también facilita que sea una máscara de la explotación y la trata de personas?

-A mi me parece que explotación hay en todos los rubros dentro de este sistema salvaje y voraz para todes les laburantes. Hay muchísima precarización en todos los rubros. Pero no entendemos, por ahí, las trabajadoras sexuales, ¿por qué solo a nosotras nos exige que nuestro trabajo no tenga nada que ver con la explotación? Es una cuestión ligada a la genitalidad, o a que el imaginario social identifica esa explotación con una situación violenta o de trata de personas. Mientras tanto, ejercer en clandestinidad nos vulnera como laburantes, pero tiene que ver con que funciona en el mismo sistema que el resto de los rubros, y no se pide la abolición de todos esos rubros.

-¿Qué dicen respecto de las posturas abolicionistas?

-No perdemos más el tiempo en esas discusiones o en responder al abolicionismo; es el Estado el que nos debe las respuestas, desde siempre. El abolicionismo no pincha ni corta. Somos conscientes de que personas con perspectiva abolicionista tienen lugar en toma de decisiones, que terminan perjudicando a nuestro colectivo porque no se nos consulta y se infantiliza nuestra decisión de ejercer el trabajo sexual.

“No creemos en el mito de la libre elección”

Carmen Capdevila, de la Campaña Abolicionista de Neuquén, dice: “La prostitución es una violación y estamos a favor de que ninguna persona sea prostituída; no creemos en el mito de la libre elección que impone el reglamentarismo, más allá de las cuestiones legales, que también adhieren a normativas internacionales abolicionistas. La trata de personas existe para satisfacer la demanda de los hombres que consumen prostitución”.

“El mito de la libre elección lo impone el sistema prostibulario. Ninguna persona entra alegremente a la prostitución, hay distintas condiciones de vulnerabilidad, no  solo económicas, sino emocionales, intelectuales, de adicciones, de otro tipo, y después no se puede salir. Hay gran campaña y gran apoyo político, judicial, policial, porque es un gran negocio prostituir cuerpos en que hay enormes cantidad de involucrados, desde taxistas hasta hoteles, hasta la venta de juguetes sexuales, y también ahora sectores gremiales, y no hay políticas claras para rescatar a las personas”, insiste.

Añade que “se meten en las universidades para contar el cuentito de que las chicas pueden conseguir dinero fácilmente para terminar sus carreras”.

-El discurso regulacionista pone a la prostitución a la altura de cualquier trabajo. ¿Cuál es la diferencia de la prostitución con otra actividad donde también existen las injusticias, las desigualdades y los negociados?

-A una cajera explotada, si alguien se mete con su sexualidad o su cuerpo, la toca, o la abusó es un acoso, es un abuso. A ningún albañil el patrón tiene derecho a meterse en su cuerpo, tocar sus genitales o penetrarlo. Además de que las personas no somos mercancía. ¿Cuál sería el producto del trabajo sexual? Las personas no somos comprables. La mayoría de las activistas que no están siendo prostituidas hacen mucha campaña contra la violencia. Pero no están paradas en la esquina siendo abusadas, penetradas. Y además defendemos el placer sexual, que nos diferencia de los animales. En la prostitución no hay placer. Las personas prostituídas ni pueden disfrutar de su sexualidad. Las operadoras te cuentan que sí, pero si escuchás a las sobrevivientes saben lo que se sufre.

-Desde AMMAR plantean que el movimiento abolicionista habla desde una posición de privilegio que no conoce la realidad: ¿es así, hay algo de cierto?

-No es así. Conocemos la realidad, justamente. Y acompañamos a las personas que quieren salir. AMMAR es la cara del proxenetismo, la banca el sector proxeneta. ¿Sabés las cosas que deben saber esas mujeres, esas promotoras? Cuando abran la boca, son boleta. Porque son mafias. Se quedan en un lugar cómodo, las promotoras ya trabajan para que otras sean cooptadas para ser prostituídas. Son víctimas aunque no se reconozcan, parte de un sistema, no lo han sabido ver, no han podido. Otras son cómplices: AMMAR ya tiene tres personas judicializadas por trata de personas, son parte del sistema, algunas pasaron de ser víctimas a ser victimarias.

Botón volver arriba